Este verano los incendios siguen golpeando con especial dureza numerosas zonas de España. Entre ellas, algunos de los lugares por los que llevo años montando en moto: Gredos, el Valle del Tiétar, El Burguillo, Iruelas… carreteras, pueblos y paisajes que conozco bien y que forman parte también de mi propia historia y de la de mucha gente de mi generación que, desde el Foro, llevamos décadas escapándonos hasta estas carreteras para disfrutar de la moto.

Así que, una vez controlado el incendio que afectó a esta zona, tenía que volver para ver con mis propios ojos qué había quedado. Y quiso la casualidad que precisamente esa semana tuviera entre manos una Kawasaki KLE 500. Difícil imaginar una compañera mejor para recorrer carreteras castigadas y tramos de firme complicado, donde el asfalto deja de ser precisamente una alfombra.

Salí de Madrid a las seis de la mañana y acabé haciendo más de 330 kilómetros: El Escorial, Cruz Verde, Navas del Marqués, Cebreros, El Burguillo, Navaluenga, Valle de Iruelas, La Rinconada, Casillas, Toros de Guisando, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos, Robledo de Chavela y Zarzalejo. Curvas, contracurvas, frenadas, pendientes, badenes… uno de esos territorios en los que los que vamos en moto podemos pasarnos horas sin aburrirnos. Vamos, media sierra y un poco más por si me había quedado con ganas.

Iba preparado para encontrarme un paisaje casi apocalíptico. Y, dentro de la enorme gravedad de lo ocurrido, la realidad fue algo menos terrible de lo que temía.

Han ardido enormes extensiones de matorral, hay árboles afectados y algunas construcciones completamente arrasadas, entre ellas instalaciones del camping de Iruelas. Pero en muchos puntos la masa forestal continúa en pie. Hay negro, claro que sí, pero también muchísimo verde.

Y esa fue probablemente la mejor noticia de toda la ruta: el monte está herido, pero sigue vivo. Tardará tiempo, habrá zonas que necesitarán años y mucho trabajo, pero recorriéndolo resulta difícil no pensar que acabará recuperándose.

Durante la ruta me crucé con bomberos, Protección Civil y diferentes dispositivos que todavía trabajaban sobre el terreno. También con un espectacular convoy del Grupo Qatarí Internacional de Búsqueda y Rescate, con vehículos especializados y un enorme robot de orugas teledirigido para labores de extinción. Desde aquí, gracias por el apoyo. No era el rover de Marte, aunque costaba poco imaginarlo allí arriba.

Y la Kawasaki KLE 500 estuvo exactamente donde tenía que estar. Cómoda y fácil en carretera, manejable cuando las cosas se complican y muy eficaz fuera del asfalto gracias a su rueda delantera de 21 pulgadas, los neumáticos mixtos y unas suspensiones que permiten afrontar pistas con bastante confianza.

Una moto lógica y versátil, de esas que cuando se acaba el asfalto siguen adelante sin dramas.

En unos días tendréis aquí, en MotorADN.com la prueba completa, con todo lo que dio de sí esta nueva interpretación de una denominación histórica para Kawasaki.

Y sí, además hubo una magnífica noticia personal: la casa de mis padres en El Burguillo está sana y salva.

Pero después de más de 330 kilómetros, me quedo con otra imagen más grande: bosques todavía en pie, montañas que conservan buena parte de su verde y un paisaje que, pese a las heridas, sigue ahí.

El fuego ha hecho muchísimo daño. Pero no ha podido con todo. Y el monte volverá.